Los mayores éxitos empresariales tienen pequeñas historias detrás que han sido contadas magníficamente. En el devenir de la humanidad las palabras y los relatos construidos con ellas han sido un arma de creación y destrucción masiva. Su capacidad nunca ha sido lo suficientemente valorada y, solo ahora, gracias a la cantidad ingente de información que nos ofrece el medio digital y a su constante manipulación, empezamos a ser conscientes de ese poder.

Pero este no es un espacio para analizar la ética con la que se utilizan las palabras, sino para abordar sus múltiples posibilidades como principal herramienta a la hora de crear el storytelling de un proyecto empresarial que se está gestando. Las palabras, convertidas en historia, son el pilar sobre el que se apoyará la identidad de una marca, a través del naming; la comunicación corporativa; la estrategia social media; el posicionamiento web; la relación con sus clientes, etc.  ¿No me crees? Hablamos de mensajes estratégicos, de keywords, hashtag, de contenido original, metadescripciones…, y así un largo etcétera.

La mayoría de los emprendedores de referencia esconden una pequeña historia que adquiere grandeza cuando es el germen de un éxito. Henry Ford, creció en el seno de una familia granjera muy pobre. Quedó fascinado cuando vio por primera vez una máquina autopropulsada. Y su pasión por los motores le llevó a convertirse inicialmente en un experto en la reparación de relojes. De aprendiz de maquinista pasó a ser ingeniero y creador de su propio vehículo con motor de gasolina. Algunos desaciertos y mucho esfuerzo y empeño culminaron en lo que todo el mundo conoce hoy.

El modelo se repite con muchos de los fundadores de los gigantes tecnológicos de la actualidad:  Jeff Bezos (Amazon), y su primera tienda online de libros con oficina en un garaje; Steve Jobs al fundar Apple tras volver de un retiro espiritual en la India; Mark Zuckerberg (Facebook), acusado por la Universidad de Harvard de violar la seguridad informática con Facemash.com. La lista es muy extensa.

El papel de la comunicación para los proyectos emprendedores es clave y ha conseguido marcar claras diferencias con respecto a cómo se utiliza por parte de otro tipo de compañías. Por su propia dinámica, en constante evolución, la comunicación se desarrolla con un ritmo trepidante. Las bases que se asientan hoy, mañana han quedado obsoletas. Un concepto muy alejado del formato por el que apuestan las compañías consolidadas, con procesos en ocasiones más burocratizados, lentos y marcados por la resistencia al cambio.

En el caso de las startups o empresas que destacan por un alto grado de innovación, su operativa o propuesta de valor añade otro aliciente, el reto de transmitir con claridad qué aporta su actividad, a priori compleja, pero que llega para salvarnos la vida. Aquí, los responsables de marketing y comunicación se configuran como los nuevos trovadores que, aunque sin música, novelan sus historias para poder alcanzar de forma certera a sus públicos.